Cristobal Dattas: LA INESPERADA SALVADORA DE SANTIAGO – INÉS DE SUÁREZ (1507-1580)

Señala el ingeniero Cristobal Dattas que Inés Suárez nació en 1507 en PLASENCIA, localidad que por entonces era la más poblada de Extremadura y se encontraba en pleno apogeo económico y social. Poco o nada se sabe de sus años en España, que debieron ser los de cualquier joven de origen humilde y temerosa de Dios. Con 19 años se casó con un tal Juan de Málaga en la ciudad que daba nombre a su marido. Este era comerciante de buena posición y, aunque no debía faltarles el dinero, quiso probar suerte en el Nuevo Mundo y zarpó ordenando a Inés que esperara a su regreso o a que la llamara para reunirse al otro lado del océano.

Devota y bien mandada, subordinada a los deseos del marido como mandaban las costumbres de la época, Inés aceptó y se quedó en España trabajando y administrando las posesiones de Juan de Málaga. El problema llegó cuando el comerciante dejó de responder a las cartas de Inés, llevándola a pensar lo peor y animándola a emprender un arriesgado viaje para encontrar a su esposo y descubrir si en verdad seguía vivo.


Inés Suárez


EN AQUELLA ÉPOCA LAS MUJERES NO PODÍAN VIAJAR AL NUEVO MUNDO SALVO SI LO HACÍAN ACOMPAÑADAS DE SUS MARIDOS O PADRES. 


Las que intentaban cruzar el Atlántico por su cuenta ERAN ACUSADAS DE PROSTITUTAS Y SEVERAMENTE CASTIGADAS. Sin embargo, Inés Suárez consiguió un permiso real gracias a que dos vecinos ilustres (el capitán Marañón y Juan Garrote) dieron fe de que era buena cristiana y lograron subirla a un barco. Como requisito extra, también tuvo que ir acompañada de una joven recatada que los documentos y crónicas identifican como su sobrina. Inés se despidió de las costas españolas en 1537 para no volver a verlas. 


DE PERÚ A CHILE


Continua el ingeniero Cristobal Dattas indicando que viaje de Inés Suárez la llevó hasta las costas del Caribe, desde donde logró llegar al Perú para reclamar noticias de su desaparecido marido. No tardó mucho tiempo en descubrir que Juan de Málaga había muerto en combate durante la Batalla de Salinas (abril de 1538) en la que las tropas de DIEGO DE ALMAGRO SE ENFRENTARON A LAS DE HERNANDO Y GONZALO PIZARRO en un prolongado enfrentamiento entre españoles por ver quién sacaba más provecho de las conquistas. 

Sola como estaba en aquel lugar extraño, Inés Suárez tomó todo el dinero que recibió por la muerte en servicio de su marido y compró un terreno en el que se dedicó a coser y arreglar uniformes junto a numerosas sirvientas nativas. También abrió una especie de hospital de campaña en el que trataba y curaba a los soldados heridos que le llegaban.


FUE EN CUZCO DONDE CONOCIÓ A PEDRO VALDIVIA, hombre fuerte del gobernador Francisco Pizarro y maestre de campo del conquistador de Trujillo. 

La atracción entre ambos fue instantánea y comenzaron así una fuerte amistad que rápidamente derivó en romance, aun cuando Valdivia tenía esposa en España. 


El soldado y la costurera, ambos extremeños, vivieron su relación con tal intensidad que incluso Valdivia solicitó permiso para llevarse a Inés como ‘sirvienta’ a la expedición que Pizarro le había encomendado para conquistar Chile en 1540. Con el consentimiento del obispo Valverde y un permiso firmado por el mismísimo gobernador del Perú, INÉS SUÁREZ VENDIÓ SUS TIERRAS Y POSESIONES PARA COMPRAR UNA MONTURA, UNA ESPADA Y UNA CORAZA. (En cierta medida puedo decir que ella es la inspiración de “Dulcinea del Toboso”).


Esta expedición marca el comienzo de la leyenda de Inés Suárez y, a su vez, la parte mejor documentada de su vida. PRÁCTICAMENTE TODO LO QUE SE SABE DE ELLA PROVIENE DE LAS CRÓNICAS DEL SIGLO XVI ENTRE LAS QUE SE DESTACAN LAS DE PEDRO MARIÑO DE LOBERA Y JERÓNIMO DE VIVAR, QUE ACOMPAÑARON A INÉS SUÁREZ Y PEDRO DE VALDIVIA COMO CRONISTAS EN LA EXPEDICIÓN POR TIERRAS CHILENAS. 


LA DEFENSA DE SANTIAGO


Diego de Almagro, el mismo que se enfrentó y perdió en su disputa con Francisco Pizarro, ya había fracasado años antes en su intento por recorrer y conquistar Chile. A Suárez y Valdivia les aguardarían infinidad de peligros en su camino a través de los Andes, el desierto de Atacama o en la lejana Tierra de Fuego. Con todo, la expedición ganaba fuerza y hombres en todas sus etapas y sus participantes consiguieron fundar la ciudad de Santiago de Nueva Extremadura, la nueva capital del reino y antecedente de la actual Santiago de Chile, en 1540.

En todo este tiempo Inés Suárez destacó por ser una más. El hecho de que fuera la amante del oficial al mando no significaba que para ella la aventura a través de Chile fuera un simple viaje de placer.


LA JOVEN EXTREMEÑA USÓ SU EXPERIENCIA PREVIA PARA:


a) curar y tratar a los soldados heridos, 

b) mantuvo la moral religiosa alta entre la tropa, 

c) no dudó en vestir su coraza y blandir su espada cuando fuera necesario, y

d) luchaba con el mismo arrojo y habilidad que cualquier hombre y se dice que era especialmente hábil con la espada y la ballesta. 

De todas las cosas memorables que sin duda debió hacer, hay dos especialmente llamativas: 


la primera fue la de salvar a Pedro de Valdivia de un mínimo de dos conspiraciones que otros oficiales orquestaron contra él; y 


la otra, haber encontrado agua mientras atravesaban el Atacama.


Pero si por algo es recordada Inés Suárez ES POR HABERSE CONVERTIDO EN LA INESPERADA SALVADORA DE SANTIAGO. En 1541, aprovechando la ausencia de Valdivia, unos dos mil guerreros nativos liderados por Michimalongo atacaron las posiciones españolas para expulsar al invasor y salvar a siete importantes caudillos que los españoles habían hecho prisioneros. 


Parece ser que, en un principio, Inés era partidaria de mantener con vida a los jefes rivales para usarlos en las negociaciones pero cuentan que, cuando vio que los nativos superaban a los españoles y que la ciudad corría el riesgo de caer, corrió hasta la celda y ella misma mató a los caudillos con su espada. Inés Suárez salió al exterior Y MOSTRÓ LA RISTRA DE CABEZAS, IMAGEN QUE DESMOTIVÓ A LOS ATACANTES QUE VEÍAN PERDIDA SU GRAN OPORTUNIDAD Y ENARDECIÓ A LOS DEFENSORES, que lograron sobreponerse y resistir. Después de este durísimo golpe, Suárez montó a caballo y dirigió el contraataque español que logró expulsar a los nativos. 


EL FINAL


Termina Cristobal Dattas señalando que su innegable papel protagonista en la defensa de la ciudad de Santiago encumbró a Inés Suárez, que seguía siendo la amante y confidente de Pedro Valdivia. Era respetada por todos, tanto eruditos como soldados, y el valor que había demostrado al emprender aquel viaje a Chile por fin parecía ofrecer una recompensa. Pero, al igual que pasó en la defensa de Santiago, las cosas pueden cambiar en cuestión de unos segundos.


Pedro de Valdivia fue llamado para volver al Perú, donde sería enjuiciado por numerosos cargos entre los que se encontraba el de adulterio, derivado de la relación que mantenía con Inés Suárez. 


El virrey Pedro de Lagasca le exculpó de todos los cargos pero bajo la condición de que casaría a Inés con otra persona o se alejaría de ella, mandándola de vuelta a Perú. Valdivia aceptó y casó a Inés con su compañero de armas Rodrigo de Quiroga al tiempo que hacía llamar a su esposa Marina Ortiz de Gaete. Los caminos de Valdivia y Suárez se separaron en 1549 y ella  retomó su vida con Quiroga, quien llegaría a ser gobernador y extendería el título a su esposa.


Inés Suárez, la mujer que cruzó el océano para encontrar a su marido y se aventuró en lo desconocido siguiendo al hombre al que amaba, que empuñó las armas como cualquier hombre y luchó por hacer de su vida lo que ella quisiera que fuese, murió en 1579 o 1580.


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